Y sentarme frente a esta hoja en blanco,
hace que me acuerde de tí,
de las cosas que te dije
y las que me quedaron por decir.
Mis palabras te dieron vida
el día de tu cumpleaños,
pero quedarán en nada
con el paso de los años.
Escribí lo que sentía,
lo que dictaba mi corazón
y no reniego de ello
aunque me trates con traición.
Estuve aquí para darte ánimos,
para subirte la moral,
para hacer que no te hundieras
en un frío vendaval.
Una y mil veces lo haría de nuevo
si fuese necesario,
pero parece que ya no lo necesitas
después de un nuevo calendario.
Qué fácil te es el olvido
yo que te entregaba el corazón
no esperaba que hicieras los mismo,
pero tampoco tu negación.
Tu negación a seguir dándome
una parte de tí,
a no querer hablarme
ni a querer saber de mí.
Allá tú con lo que haces,
me duele el corazón
pero nada puede hacer
contra él la razón.
Y a pesar de todo entiendo,
por triste que parezca,
que estaré siempre esperándote
aunque tú no lo merezcas.
martes, 27 de enero de 2009
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