Recuerdo con mucho cariño una clase de filosofía en el instituto. Aquel día un señor vino a hablarnos sobre el autoestima, y no sé cómo terminamos haciendo una sesión de relajación.
En ella debíamos relajarnos profundamente, sintiendo la distensión de cada músculo de nuestro cuerpo, y tras ello, imaginarnos un lugar que nos fuera agradable, o simplemente, crearnos uno propio. Un lugar al que acudir para desahogarnos, para encontrar la paz, para sentirnos bien, donde recuperarnos de nuestros dolores más profundos, donde encontrar un remanso de paz... y yo me imaginé una cueva dentro de un acantilado frente al mar, pintada toda de blanco, llena de luz y donde el único sonido que mi oído percibía eran las olas del mar. En ella había una cama y un sillón, también blancos, donde podía relajarme y olvidarme de todo lo que me afligía... y desde entonces ese es mi riconcito, al que recurro cada vez que lo necesito, cada vez que algo me duele, y me imagino allí, sola, llena de tranquilidad y con una gran paz interior.
Es por eso que este blog será "mi cueva frente al mar", el refugio donde expresar aquello que siento, aquello que llevo dentro...
lunes, 17 de noviembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario